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Haces mil cosas y no sabes qué problema resuelves: así se arregla eso

El problema no es que hagas demasiado

Hay una frase que escucho seguido de creadores y freelancers que llevan un buen tiempo trabajando: 'Es que yo hago muchas cosas y no sé cómo explicarlo.'

Diseño, redacción, mentoría, edición de video, clases online, consultoría de redes. Todo en el mismo perfil. Todo mezclado.

Y cuando alguien les pregunta qué hacen exactamente, la respuesta se convierte en un párrafo largo que termina con '...como que ayudo a las marcas a comunicarse mejor, ¿cachai?'

El problema no es la cantidad de cosas que haces. El problema es que todavía no has encontrado qué problema resuelves. Y hay una diferencia enorme entre las dos.

¿Por qué es tan difícil identificar tu núcleo cuando haces de todo?

Porque cuando llevas años aprendiendo y haciendo, acumulas capacidades. Y las capacidades se vuelven servicios. Y los servicios se vuelven un catálogo que crece solo.

Además, en algún punto de tu carrera probablemente dijiste que sí a cosas que no eran exactamente tuyas, porque necesitabas el proyecto o porque te daba curiosidad. Y algunas funcionaron. Y las dejaste.

Entonces hoy tienes un portafolio que parece el menú de un restaurant de fusión: hay de todo, está todo rico, pero nadie sabe bien qué tipo de restaurant es.

El asunto es que tu audiencia, tus clientes potenciales y los algoritmos necesitan entender rápido qué problema resuelves. No porque sean flojos, sino porque tienen demasiada información compitiendo por su atención.

Si no les das esa claridad, ellos mismos te ponen una etiqueta. Y rara vez es la que tú elegirías.

Cómo encontrar el patrón que conecta todo lo que haces

Aquí va el ejercicio que a mí me funcionó cuando estaba en ese mismo lío, con 10 años de experiencia encima y sin saber cómo explicarle a alguien en 30 segundos qué hacía exactamente.

Anota las últimas 5 a 10 veces que alguien te contrató, te pidió consejo o te agradeció algo. Puede ser un cliente, un seguidor, un colega.

Para cada caso, responde estas dos preguntas:

  • ¿En qué situación estaba esa persona antes de hablar conmigo?
  • ¿Qué cambió para ella después?

No busques la respuesta perfecta. Busca el patrón.

Si miras esos 5 o 10 casos y ves que en casi todos la persona llegaba confundida sobre cómo comunicar algo o cómo estructurar su mensaje, ahí está tu núcleo. No importa si lo resolviste con un post, con una sesión, con una guía o con un workshop.

El problema que resuelves es uno. Las formas de resolverlo pueden ser varias.

¿Y si el patrón no aparece tan claro?

Pasa. A veces los casos son tan distintos que el patrón no salta a la vista de inmediato.

En ese caso, prueba este filtro diferente: ¿con qué tipo de personas disfrutas más trabajar, o qué tipo de contenido te genera más conversación real en comentarios o mensajes?

Eso también es información. Tu energía y la respuesta de tu audiencia son señales más honestas que cualquier análisis de nicho que hagas en frío.

También puedes ir al revés: en vez de buscar qué tienen en común tus servicios, busca qué tienen en común las personas que te siguen o te contratan. ¿Qué rol tienen? ¿Qué frustraciones comparten? ¿En qué momento de su carrera o negocio están?

Si la mayoría son creadores de contenido que quieren profesionalizarse, ya tienes algo concreto. Si la mayoría son pequeñas marcas que no saben cómo diferenciarse, también.

El perfil de esa persona recurrente te dice más sobre qué problema resuelves que cualquier ejercicio de branding que empiece desde cero.

La trampa del 'yo ayudo a las personas a...' demasiado amplio

Ok, encontraste algo parecido a un patrón. Bien. Ahora viene la parte donde mucha gente frena.

Escriben su propuesta de valor y queda algo así: 'Ayudo a emprendedores a crecer en redes sociales.'

Y la pregunta obvia es: ¿qué emprendedor? ¿Crecer cómo? ¿Desde dónde?

Ese nivel de generalidad no le habla a nadie en concreto. Le habla a todos en abstracto. Y cuando le hablas a todos, no le llegas a nadie.

La especificidad no te achica la audiencia: te la hace más real. 'Ayudo a creadores de contenido que llevan años haciendo de todo a entender qué problema resuelven y construir su mensaje desde ahí' es más largo, sí, pero es 10 veces más potente porque la persona que lo lee siente que la estás mirando a ella.

Así que una vez que tienes tu patrón, ponlo en palabras concretas. Con un tipo de persona específica. Con una situación específica. Con un resultado específico.

No tiene que ser perfecto. Tiene que ser honesto y claro.

¿Qué haces con todo lo demás que no encaja en ese núcleo?

Buena pregunta. No todo tiene que desaparecer.

Algunas cosas las vas a mantener porque te generan ingresos mientras construyes lo otro. Eso está bien, es realista.

Otras las vas a dejar de ofrecer activamente, aunque si llega el proyecto correcto las puedas tomar. Eso también está bien.

Y otras, honestamente, las vas a soltar porque te diste cuenta de que las hacías por inercia, no porque realmente formaran parte de lo que quieres construir.

La claridad sobre qué problema resuelves no significa que de un día para otro cambias todo tu perfil y rechazas proyectos. Significa que tienes un norte desde donde tomar decisiones.

Cuál contenido crear. A qué proyectos decir que sí. Cómo presentarte cuando te preguntan qué haces. Cómo escribir tu bio sin que quede un ensayo de cuatro párrafos.

Todo eso se vuelve más fácil cuando tienes ese núcleo claro.


Si estás en ese momento donde sientes que haces de todo pero no sabes cómo contarlo, estás exactamente en el punto donde empieza a construirse algo sólido. El caos de capacidades acumuladas puede ordenarse. Lleva trabajo, pero es un trabajo que vale.

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